¿Seguimos en negación o aceptamos la realidad?

Sep 27, 2021 | ◉ Puntos de Vista

Así como existe un sector que, sin evidencias y por cuestiones de fe que no responden a la razón, decidió creer en un fraude electoral sustentado en virales de whatsapp, existe un sector que se rehúsa a aceptar una realidad que nos impacta diariamente. Nos referimos a la oposición escéptica, esa que apoya su posición en dichos, chismes y proyecciones, pero que le rehúye a los hechos, acciones y respaldos por miedo a encarar una situación que le resulta difícil de aceptar.

 

Ese sector de la oposición subestima al Presidente Castillo. Cree – con ilusión – que hay malos y buenos en la película que vivimos. En dicho relato los villanos son Cerrón y compañía, y los inocentes atrapados son el grupo que lideraría Castillo. Todos los días los escuchamos pedirle al presidente que se libere y deslinde  del entorno que lo rodea, un grupo que él mismo ha elegido. En sus arengas se encuentra la creencia de que Castillo es un peón que piensa diferente, o un demócrata limpio y con ideales que está siendo capturado por un grupo de impresentables del que quiere – pero no puede – escapar.

 

Dicho sector, con sus llamados de atención a Castillo para que salga del maléfico embrujo de su entorno, cree que pronto éste saldrá airoso de esa mala compañía. Y en esa fantasía maravillosa, ese líder – librado de las cadenas que lo ataban a socios radicales –  nos llevaría a gozar de un gobierno de izquierda pragmática y sensata.

 

Este grupo no sabe explicar cuál es el origen de sus teorías. Algunos, como Ricardo Márquez (de la Sociedad Nacional de Industrias, SNI), sostienen haber hablado con Castillo y verlo asentir en silencio mientras le expresaban críticas. Ese hecho les daría la claridad absoluta de que el presidente está de acuerdo con lo que le exponen porque sus movimientos de cabeza lo demostrarían. Otros son víctimas del efecto halo (ver nuestro post al respecto aquí ), y le atribuyen al presidente características que no necesariamente responden a una racionalidad coherente.

 

Sin embargo, no se detienen a observar los hechos para descifrar al personaje que dice liderar el Gobierno. Porque, uno puede decir muchas cosas con cinismo (y en nuestra política tenemos demasiados ejemplos), pero finalmente los hechos son los que deberían definirnos. Si nos basamos en éstos, tenemos un presidente que apoyaría propuestas estatistas, no le hace ascos ni a la apología al terrorismo ni a la corrupción, apoyaría posiciones misóginas, no separa los conflictos de interés dentro del Estado (como la inscripción de su propio sindicato), no le interesa mentir con descaro, busca destruir algunas instituciones e intenta dividir a los peruanos.

 

En estos dos meses, tenemos suficientes evidencias y ejemplos con hechos concretos que respaldan cada uno de esos puntos. Sin embargo, persiste el wishful thinking de que Castillo se separará de ese grupo que es muy mala influencia para él.

 

Hemos dicho que la oposición no encuentra el rumbo y se deja llevar por las narices por los extremistas que terminan destruyendo cualquier esperanza de cohesión racional. Pero hay que ser sinceros, también existe un sector de la oposición que con inocencia o candidez decide no ver la realidad, y se comporta como mamá alcahueta de un adolescente rebelde: “Mi hijito no es el que hace esas cosas feas. Son las malas influencias. Mi hijo es un santo”.

 

Es momento de reconocer la realidad, y ver qué decisión se toma. Idealizar al personaje no ayuda en nada. Después de que se acepte a cabalidad lo que está sucediendo, se podrá determinar con eficiencia el tipo de negociación política que se debe de realizar.

 

Empecemos aceptándolo: Castillo es lo que los hechos demuestran, no lo que queremos que sea.

 

 

 

 

Foto: Aldair Mejía/La República. Tomada de https://larepublica.pe/politica/2021/04/21/pedro-castillo-discurso-de-cerron-y-sus-electos-congresistas-pueden-complicarlo/

Autor

  • Ricardo Gálvez del Bosque es magíster en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y bachiller en Administración por la Universidad de Lima. Es docente universitario y director ejecutivo de Vigilancia Ciudadana. Cuenta con experiencia profesional en empresas líderes de los sectores financiero, asegurador y de consumo masivo, donde desempeñó funciones en estrategia, marketing y planeamiento. Actualmente combina la docencia, la investigación y el análisis político, con especial énfasis en democracia, representación política, financiamiento de organizaciones políticas y fortalecimiento institucional.

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