El panetón de izquierda

Jun 15, 2026 | ◉ Puntos de Vista

Por Ricardo Gálvez del Bosque

Hace pocos días, en este espacio analizamos por qué la estrategia de segunda vuelta de Keiko Fujimori la estaba llevando a perder la elección o, en el mejor de los casos, a ganar raspando.

Hoy, cuando todo indica que terminará imponiéndose por un margen estrecho, corresponde hacer una pregunta distinta: si Keiko Fujimori supuestamente «pierde hasta frente a un panetón», ¿qué nos dice del otro candidato el hecho de no haber podido derrotarla? ¿Habremos encontrado finalmente al famoso panetón de izquierda?

Y es que la señora Fujimori perdió frente a Ollanta Humala, que se moderó para conquistar al electorado de centro. Perdió frente a Pedro Pablo Kuczynski, un economista reconocido que logró articular una amplia coalición antifujimorista. Incluso perdió frente a Pedro Castillo, un maestro rural prácticamente desconocido para la mayoría del país al inicio de la campaña.

Pero Roberto Sánchez no pudo. ¿Por qué?

Una primera explicación es que jamás logró construir una propuesta creíble para el votante mediano. Durante la campaña ofreció versiones distintas de sí mismo según el público que tuviera enfrente. Para unos prometía nacionalizaciones y mayor intervención estatal. Para otros defendía la inversión privada y la economía de mercado. Un día cuestionaba la autonomía del Banco Central y al siguiente buscaba tranquilizar a los mercados.

El problema no era la moderación. El problema era la inconsistencia. El elector puede discrepar con un candidato. Lo que difícilmente tolera es sentir que le están diciendo exactamente lo que quiere escuchar en cada momento.

A ello se sumó una dosis considerable de soberbia política. Durante buena parte de la campaña se instaló la idea de que enfrentar a Keiko Fujimori era suficiente mérito para merecer el respaldo de todos los sectores democráticos. Como si la sola condición de ser su adversario colocara automáticamente a alguien en el “lado correcto de la historia”. No funciona así. Los votos no se heredan. Se conquistan.

Y cuando figuras como Jorge Nieto o Marisol Pérez Tello expresaron legítimas reservas sobre la candidatura de Sánchez, la respuesta de muchos dirigentes y activistas fue el ataque, el insulto y el cuestionamiento moral. Justamente contra los sectores que necesitaban convencer. Como si el centro político tuviera la obligación de alinearse sin ejercer pensamiento crítico.

Tampoco ayudó la relativización permanente de conductas que ellos mismos denunciaban en sus adversarios. La corrupción propia debía ser observada con indulgencia. Las malas compañías debían ser minimizadas. Los coqueteos con sectores antidemocráticos eran explicados, justificados o contextualizados.

El problema es que los electores observan. Y cuando evalúan a un candidato presidencial no solamente escuchan lo que promete hacer. También intentan descubrir qué estaría dispuesto a tolerar.

Aún es temprano para realizar una autopsia completa de esta elección. Pero en una contienda tan ajustada, estos errores pudieron resultar decisivos. Porque, al final, la dinámica del «cualquiera le gana a Keiko» terminó demostrando tener una excepción.

Y quizás esa sea la lección más dura para una parte de la izquierda. Descubrir que, después de todo, el famoso panetón existía. Y que llevaba su propio logo.

 

Imagen hecha por IA.

Autor

  • Ricardo Gálvez del Bosque es magíster en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y bachiller en Administración por la Universidad de Lima. Es docente universitario y director ejecutivo de Vigilancia Ciudadana. Cuenta con experiencia profesional en empresas líderes de los sectores financiero, asegurador y de consumo masivo, donde desempeñó funciones en estrategia, marketing y planeamiento. Actualmente combina la docencia, la investigación y el análisis político, con especial énfasis en democracia, representación política, financiamiento de organizaciones políticas y fortalecimiento institucional.

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