La Señora Lunes

Ene 29, 2024 | ◉ Puntos de Vista

Por Ricardo Gálvez del Bosque

¿Qué pasa por las mentes de las autoridades metidas en política? ¿Llegan a tener tanto poder, tanto ayayero alrededor, tanta pompa y circulina, que pierden contacto con la realidad?

Pues parece ser que es así. A Nadine Heredia se le quitaron sus costumbres de clase media, y no dudó en adquirir una afición por chocolates Godiva y sesiones fotográficas en Cosas. Toledo sintió que sus manos eran tan sagradas que podía meterlas en cubos de hielo que terminarían sazonando tragos de whisky de etiqueta azul. Kenya Fujimori (alias Alberto) sintió que era tan especial que podría convertirse en senador japonés por haber logrado, como presidente de un país sudamericano, liberar a un embajador del imperio del que se proclamaba súbdito, tras ser capturado como rehén de un grupo terrorista. Y, tras ese fracaso bochornoso, creyó que, regresando al Perú desde Chile, sería llevado en andas hasta Palacio.

No lo duden. Fueron personas comunes y corrientes. Leían los periódicos, hablaban con amistades, discutían con sus parejas, fracasaban, escuchaban recriminaciones. Pero, de un momento a otro, el poder los embriagó y creyeron que sus extremidades inferiores levitaban. Se volvieron especiales, intocables, y lo peor de todo: incomprendidos.

Apenas surge esa autopercepción, aparentemente, se sienten solos. Especiales y tocados por el cielo, pero solitarios. En sus mentes, nadie los podría entender y todos los critican por envidia.

Ese lugar – no real – en el que se encuentran, pareciera traerles encima una niebla que les impide ver la realidad. Cegados, se guían por las voces que los acompañan en esos momentos: las convenidas y que buscan su aprobación. Esas voces que trafican con el poder y que dicen que lo controlan a punta de contactos.

Solo así se puede explicar que una señora que ha estudiado una carrera universitaria, que ha tenido la audacia de plagiar un libro para conseguir un puesto estatal, y que cuenta con un equipo multidisciplinario atento a sus chasquidos, crea que tirar golosinas hacia una multitud que la repudia por muertes no esclarecidas podría darle algún rédito político. ¿Creyó, siquiera, que obtendría un momento placentero?

¿Qué pasó? ¿Nadie de su entorno lee encuestas, ve noticias, o tiene secundaria completa? ¿O qué pensaron?

¿Estamos minimizando – o aplaudiendo – la violencia que se ejerció contra? No. ¿Eso significa que entendemos la posición hipócrita de personajes como Mirtha Vásquez, que hablan del “delito provocado”? Por supuesto que no.

Sin embargo, nos preocupa la absoluta desconexión con la realidad que, aparentemente, tienen en Palacio. Desde el Ejecutivo siguen sin entender que el 90% de la población rechaza a Dina Boluarte. La señora es un Lunes: nadie la quiere y solo la soportan esperando que pase y llegue el Martes.

¿A qué mente brillante se le puede ocurrir que sería una buena idea poner a la presidente tirando caramelos como si fuera una piñata? Con ese criterio, ¿qué podemos esperar de ellos? Nada, pues.

Pise tierra, señora. Asuma la responsabilidad política sobre esta crisis de la que no podemos salir por su culpa. No vaya a ser que, en una de esas, de un tirón, termine en el suelo del que nunca debió creer que despegó.

 

Imagen: Difusión

Autor

  • Ricardo Gálvez del Bosque es magíster en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y bachiller en Administración por la Universidad de Lima. Es docente universitario y director ejecutivo de Vigilancia Ciudadana. Cuenta con experiencia profesional en empresas líderes de los sectores financiero, asegurador y de consumo masivo, donde desempeñó funciones en estrategia, marketing y planeamiento. Actualmente combina la docencia, la investigación y el análisis político, con especial énfasis en democracia, representación política, financiamiento de organizaciones políticas y fortalecimiento institucional.

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