Piña, pues

Ago 11, 2023 | ◉ Puntos de Vista

Por Ricardo Gálvez del Bosque

Dos noticias repugnantes nos han atropellado esta semana, mostrándonos cómo los derechos de los niños en nuestro país resultan irrelevantes para nuestras autoridades.

La primera, escarapela la piel. Una niña de 11 años, que ha sido violada por su padrastro desde que tenía siete (¡siete!) años, está siendo obligada – por una junta médica – a continuar un embarazo no deseado. Una niña, ¡niña! Una pequeña, inocente, ultrajada y desprotegida por su familia es re victimizada por adultos inescrupulosos que deciden negarle la oportunidad de reconstruir su infancia robada.

¿Cuál es el sentido de obligar a una niña pequeña a que asuma las consecuencias del abuso de quienes debieron protegerla? ¿Cómo le vas a exigir maternidad a una criatura que debería estar disfrutando de su infancia, aprendiendo y estudiando, formando su personalidad? ¿En qué cerebro una cosa así puede ser aceptable? ¿Qué nos pasa?

Por otro lado, esta semana un padre peruano ha tenido una audiencia en el Tribunal Constitucional para pedir que la RENIEC deje de negarles a sus dos menores hijos la nacionalidad peruana que les corresponde. Como el nacimiento de los niños fue en el extranjero vía vientre subrogado, en la mente obtusa de los funcionarios de la autoridad estatal no hay manera posible de inscribirlos como peruanos que son.

¿La excusa? El único progenitor tiene que entregar información sobre la madre de los niños. Bueno, pues, esa información no la tiene ni la tendrá. El óvulo fue de una donante anónima, y el vientre que los albergó fue subrogado y no guarda ninguna relación biológica con los niños en cuestión. Siendo ésta la situación, el Estado parece no entender que lo que debería primar son los derechos de los niños y no la burocracia inútil.

Escuchar las intervenciones de ciertos magistrados durante la audiencia hace que la mente de muchos explote. “¿Van a renunciar a la nacionalidad norteamericana? (…) Ah, ¿entonces quieren dos?”, preguntó uno de ellos con aparente sorna (y, ¿envidia, quizás?). ¿Qué le importa si tienen o no nacionalidad estadounidense? ¿Acaso solo les permitiría acceder a sus derechos si fueran apátridas?

“La figura del embarazo subrogado no existe en el Perú”, dijeron. Ajá. Mal, pues. ¿Y? Como no existe esa figura porque nuestros legisladores están en el siglo XIV y más preocupados por cómo le sacan una tajada más al botín del Estado, ¿vamos a negar la existencia de dos niños y silbar mirando hacia el techo, actuando como si fueran un punto ciego en el espejo retrovisor?

“Piña, pues.” Ese parece ser el mensaje que estos adultos profesionales que ven estos casos les dan a estos niños. “¿Saben qué? Sus casos son bien raros, ¿ya? Nuestra mente conservadora aún sigue pensando que la tierra es plana y que el mejor medio de transporte es el caballo. Por tanto, como no entendemos bien cómo diablos hemos llegado a este punto y nos parece un tema incómodo…¡piña!”

Por otro lado, ¡qué irónico que quienes festejen estas posiciones sean – justamente – aquellos que se autodenominan pro vida! ¡Qué manera de apoyar la vida! ¿No? ¿Un embrión? “¡No te metas con él, asesina!”. ¿Una niña violada? “Ah, bueno, ¡qué penita! Rezaré por ella. Pero, ¡que se friegue!”. ¿Dos niños peruanos no inscritos? “¿Saben qué? Nos cae chicha su padre por sus creencias. ¿Para qué se hace al graciosito y los trae al mundo bajo esa modalidad que no nos gusta ni nos parece? No nos da la gana de otorgarles la nacionalidad que les corresponde.”

Así de nauseabundo.

 

Imagen: TC.

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