¿Y ahora qué?

Feb 6, 2022 | ◉ Puntos de Vista

Para una gran mayoría, ha quedado claro que Pedro Castillo no debería poder someter a este maltrato a nuestro país durante los cuatro años y medio que faltan para que termine su mandato. Poco a poco, con cada muestra de precariedad y corrupción que ha salido a la luz, hasta los más reacios a reconocer el despelote en el que estamos viviendo han ido convenciéndose de que la situación se va tornando insostenible. Pero, ¿la crisis se soluciona con la salida de Castillo? ¿Cómo debería irse? ¿Qué pasaría después?

Como no creemos que Pedro Castillo pueda y desee cambiar, su salida de la presidencia sería quizás la primera parte de la solución. Sin embargo, dicho escape debería encausarse respetando las normas constitucionales, y la declaratoria de vacancia por “quítame estas pajas” y por la fuerza de los votos (es decir, la fórmula de la incapacidad moral permanente) no es el camino limpio para proceder.

¿Hay caminos? Sí. Que en esta legislatura que termina en unos días, en el Congreso voten una reforma constitucional que modifique el artículo 117 de la Constitución y que permita que el Presidente pueda ser acusado por más causales que las ya dispuestas. Luego, en marzo que se inicia la segunda legislatura, se ratifica en segunda votación la reforma. Eso haría que Pedro Castillo pueda ser destituido en el más breve plazo. De salir Castillo y Boluarte del Ejecutivo, la Presidencia interina recaería sobre el/la Presidente (a) del Congreso, quien debería convocar a Elecciones Generales para que asuman las nuevas autoridades el 28 de Julio del 2023.

¿Se puede hacer esto? Sí, se podría. Pero para que no caigamos en el mismo círculo vicioso de siempre tras barajar las cartas, es necesaria la participación activa de la sociedad en su conjunto. Siempre nos estamos quejando de que todos los políticos son iguales, o que “siempre se presentan los mismos”, o “todos roban”, haciendo el típico levantamiento de hombros con resignación. Basta, ¿no?

Sí, Pedro Castillo en la presidencia es el síntoma más notorio de nuestra gran enfermedad: el sistema político podrido. Nada más evidente, en este momento, que un presidente dando tumbos con un sombrero llamativo. Sin embargo, hay otras consecuencias del estado fatal de nuestra enfermedad a los que quizás no les prestamos mucha atención: líderes deslegitimados, partidos debilitados o inexistentes, escasez de políticos sin denuncias y que promuevan una salida, apatía política en el electorado, intereses mercantilistas partidarios cooptando el poder en todas sus esferas. Con esos mismos ingredientes, ¿cómo podríamos pretender hacer otra torta y que nos salga una mejor?

Para esto es necesario que nos manifestemos haciendo presión, votando responsablemente y exigiendo sí o sí la Reforma Política integral. Las cosas están podridas, y si no les exigimos (con contundencia) a los partidos políticos que debatan y finalicen la Reforma, ¿por qué lo harían? Tenemos la responsabilidad histórica de exigir de abajo hacia arriba un cambio profundo, y no de esperar que un líder que lo promete en campaña nos suelte migajas una vez que llegue al poder, mientras seguimos cruzando los dedos para que no nos traicione.

No importa el tinte político, todos los partidos deben de comprometerse con la Reforma Política. Y si no lo hicieran, el repudio hacia ellos debería manifestarse en las urnas. Debe de ser un must, un punto de partida mínimo. Sin embargo, desde aquí ya nos estamos adelantando varios pasos. Si en este momento de crisis, los partidos políticos siguen enfrentándose entre ellos mismos y no logran construir una salida a este descalabro, ¿cómo podríamos ser tan ilusos de pensar que se podría lograr la Reforma Política integral?

¿Por qué los partidos harían algo que nosotros mismos no estamos dispuestos a realizar? En estos últimos días en los que hemos necesitado de la unidad de la gente para manifestar nuestro rechazo, hemos escuchado a los “fraudistas” decir que “no marchan con caviares”, entre otras pelotudeces infantiles de nivel intelectual básico.

Acá hay un objetivo común, y desde Punto Medio hemos criticado a los dos extremos que han polarizado desde antes de la nefasta segunda vuelta. ¿Podemos ser capaces de poner por delante los intereses de nuestro país, y dejar para después los deditos acusadores? Definitivamente, para haber llegado a esta situación hay responsabilidades que se deben de asumir, y vaya que tendremos tiempo para ver cómo se pagan costos políticos altos. Pero en este momento necesitamos encontrar los puntos en común que tenemos para poder construir una salida democrática, ¿es imposible pedirles a todos un poco de madurez política? ¿Es tan difícil salir del radicalismo y entrar en la sensatez? ¿O solo se quitan la camiseta de Alianza Lima, Universitario, Cristal, etc. para alentar a la selección peruana de fútbol? ¿Por el futuro del país, no pueden hacer lo mismo y dejar las rivalidades para el momento que corresponda?

Destruir es bien fácil, construir es lo difícil. Ya hemos demostrado, desde la derecha radical y la izquierda cavernaria, lo expertos que somos en lograr el caos. Bueno pues, que sea el reto del bicentenario lograr consensos mínimos para construir algo positivo que nos beneficie a todos los peruanos.

 

 

Foto: Tomada de https://peru21.pe/deportes/copa-libertadores-2019-viralizan-foto-de-hinchas-de-universitario-alianza-y-cristal-abrazados-en-el-estadio-monumental-noticia/

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