Cuestión de Respeto y Confianza

Sep 9, 2021 | ◉ Puntos de Vista

La crítica al poder es fundamental en toda democracia y los gobernantes deben de saber manejar la presión de estar sujetos a una constante evaluación desde todos los sectores. Definitivamente es imposible gobernar contentando a todos por igual. Pero, ¿y si no contentamos a ninguno? ¿si ningún sector nos respeta o confía en nosotros?

Para este post queremos utilizar una definición amplia de lo que el “respeto y confianza hacia el líder” podría significar. Algunas personas quizás podrían visualizarlo como un tipo de subordinación al jefe, o como una mirada vertical hacia arriba en algún tipo de jerarquía, o como una confianza ciega. Sin embargo, queremos destacar algunas ideas sobre lo que queremos describir. Por “respeto y confianza hacia el líder”, queremos incluir en la definición la confianza que se le tiene a las capacidades de liderazgo, a la visión, a la capacidad de convocatoria, a los conocimientos que pueda tener el político que ostenta el cargo de poder que deseamos analizar. Queremos tomar la idea de que pensamos en un gobernante y reconocemos su liderazgo, sobre el cual podemos discrepar, pero que respetamos.

Nos hemos preguntado si el Presidente Castillo tiene la confianza y el respeto de algún sector político en especial. Hemos encontrado algunas evidencias que podrían decirnos que ni la izquierda, ni el centro y mucho menos la derecha albergan estos sentimientos hacia la presidencia de Pedro Castillo. Procedemos a exponerlos brevemente.

Por la izquierda

Si bien se dice que con la llegada de Castillo a Palacio de Gobierno habría ganado la izquierda, la situación es bien compleja en ese sector político. Tenemos a intelectuales como el profesor Sinesio López, que, en su última columna de La República ( ver enlace aquí ) minimiza algunas impericias del nuevo Presidente Castillo e indica de que existe una necesidad de “educar al soberano”. Este paternalismo que subordinaría al Presidente a los consejos de intelectuales que tendrían mayor capacidad que él (ya que lo “educarían”) denotaría esa falta de confianza y/o respeto hacia su liderazgo que le tendrían ciertos sectores de la izquierda.

Por otro lado, tenemos a dos sectores que en el pasado se enfrentaban entre sí que hoy parecieran convivir tan solo mostrándose los dientes. Los líderes visibles de ambos sectores serían Verónika Mendoza y Vladimir Cerrón. Ambos, de distintas maneras, estarían buscando “moldear” la figura del Presidente Castillo según su conveniencia o modo de pensar. Aparentemente, el Presidente estaría permitiendo este juego que no hace más que demostrar su propia falta de identidad política. Quien hace más alarde del poder que ejerce sobre la Presidencia es, claramente, el señor Cerrón. La facción que éste representa no duda en increpar (y hasta darle órdenes) a Castillo vía las redes sociales para que éste tome alguna decisión en el sentido que ellos consideran pertinente. Finalmente queda la imagen de un Castillo sin ideas propias, no respetado ni confiado por sus propios aliados, que depende demasiado de lo que su entorno le increpe.

Por el centro

Si bien el centro político (para ser prácticos lo identificaremos como la oposición, excluyendo al radicalismo) es capaz de darle cierta tregua al nuevo régimen, no son extraños ni poco comunes los pedidos al Presidente de que “se modere”, o que “se desligue del Sr. Cerrón” o que “está a tiempo de rectificarse”. Esos mensajes ocultan un secreto a voces que todos sabemos pero que pocos se atreven a mencionar en voz alta: aún subsiste la idea de que el problema de Castillo es su asociación con radicales, y no se quiere aceptar que quizás él mismo suscribe el pensamiento de su entorno y por eso los mantiene a su lado.

Con esos mensajes se podría inferir que se cree que el Presidente estaría atrapado en medio de personas que lo nublan y sería “incapaz” de salir por su propia voluntad del embrollo en el que está metido. Ese tipo de pensamiento, ¿no es también una demostración de que no se le tiene el respeto que se le debería de tener a un líder? ¿no nos muestra que no se cree en las capacidades que podría tener el Presidente para discernir entre opciones acertadas y equivocadas?

Por la derecha

En la derecha los ejemplos abundan. Están desde los radicales que lo pretenden minimizar con comentarios racistas y clasistas, los que no lo reconocen ni como presidente legítimamente elegido, y los que ansían (y planean) que se le dé un golpe de Estado.

¿Qué hacer?

No pretendemos decir que no existen buenos referentes democráticos en ningún sector. Por el contrario, existen y es importante que adquieran una mayor vocería ante la opinión pública. Pero, lamentablemente, sus voces son poco escuchadas y muchas veces los reflectores están enfocados en apuntar a los líderes que hemos descrito.

Entonces, ¿qué le quedaría al Presidente Castillo? Sin dejar de reconocer su difícil posición, lo que le toca es gobernar. Sí. Él (para gusto o disgusto de muchos) debe de tomar decisiones, liderar, representar, generar consensos, reconocer errores, ejercer las funciones que le competen, ser claro en el camino que pretenda tomar, brindar mensajes consecuentes y en una misma línea, hacer una buena lectura de la situación. Debe de dejar que “otros” lo definan a él y debe de empezar a definirse él mismo.

Los peruanos no sabemos qué busca, qué quiere concretamente lograr el Presidente Castillo. Sabemos de rumores, entredichos, conflictos, decisiones cruzadas, peleas internas, idas y venidas. Un gobernante debería tener clara la línea que busca seguir, objetivos bien definidos. Quizás eso podría hacer que logre ese “respeto y confianza hacia el gobernante” que deberíamos tener los peruanos. Sino, ¿qué sector lo va a apoyar y seguir por cinco años?

 

Foto tomada de frace24.com y de Andina.

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