¿Es mucho pedir?

Mar 18, 2023 | ◉ Puntos de Vista

Por Ricardo Gálvez del Bosque

Como es usual cada cierta cantidad de años, llegaron las lluvias y la excusa ante la evidencia falta de prevención es un “es que no estamos preparados para las lluvias”. ¿Ah sí? Y, ¿para qué sí estamos “preparados”? Porque, vamos, nos ha quedado claro que no lo estamos:

  • Para contagios.
  • Para entregar y cobrar bonos.
  • Para atender a pacientes.
  • Para atender emergencias climáticas.
  • Para combatir la inseguridad.
  • Para impartir justicia.
  • Para educar a sus niños.
  • Para brindar servicio de agua potable.
  • Para resguardar sus fronteras.
  • Para reaccionar ante protestas.
  • Para procesar a nuestras autoridades que cometen delitos de función.

¡Para nada! En el colmo de los colmos, necesitamos remodelar la DIROES para recibir a Toledo porque ni siquiera estamos preparados para encarcelar a nuestros ex presidentes corruptos.

¡Vamos! Es algo a lo que nos hemos acostumbrado con lamentable resignación. Somos reactivos ante el desastre, nunca proactivos y previsores. Pero, si ya llegamos a ese punto de indolencia, lo mínimo que deberíamos exigir son reacciones coherentes, inteligentes, mitigadoras o medianamente estratégicas. ¡Pero ni eso!

¿Un ejemplo?

Para muestra, un botón. El martes de esta semana, ante las lluvias, el Ejecutivo decidió cancelar todas las clases del día siguiente en Lima y Callao. Nos preguntamos, ¿por qué todas? ¿Es demasiado pedir políticas públicas que diferencien el impacto por zona? ¿Es ser muy exigente pedir, siquiera, un poco de planificación estratégica que mitigue el impacto? En fin.

“En tal y tal zona, afectadas por los desastres se suspenden. En tal zona, dependerá de la escuela y los padres según circunstancias específicas (profesores q se trasladan desde zonas afectadas, padres que no desean llevar a sus hijos), y en tal zona la asistencia será normal.”

Pareciera que pedir que piensen, planifiquen y nos traten como seres humanos respetables es exigir demasiado. Pareciera que pedir, siquiera, que lo intenten y por último tras el intento corrijan, es pedirle peras al olmo. En el MINEDU se pueden organizar espectacularmente para destruir la reforma universitaria, pero para responder ante un desastre, ¡ni hablar! ¡Muy complicado!

Y, ¿cuál es nuestra reacción?

Pero más triste que la reacción indolente y conformista de la gente, es el aplauso facilista de muchas personas que aparentemente creen que no merecemos más.

Así, aceptamos y aplaudimos medidas absurdas como aquellas que se implementaron durante la pandemia. No somos capaces de creer que, por ejemplo, si una autoridad cierra una calle porque anuncia una obra, debería hacer previamente un plan de desvíos, ver la mejor opción para mitigar impactos. No. Aquí te la cierran de la noche a la mañana, y si te sorprendió con los pantalones abajo, te fregaste y ya.

Existe una escandalosa carencia de empatía hacia el otro, hacia el afectado. Por ejemplo, una madre soltera que tiene que trabajar para el diario, con un hijo matriculado en un preescolar que no es afectado. ¿Qué solución se le da cuando se cierra irracionalmente la escuela de su hijo y de la noche a la mañana no tiene con quién dejar al niño? Nada. Se le trata como si no existiera, como si fuera irrelevante. “¡Mira los huaycos, mujer insensible!”

Es alarmante que nos hayamos acostumbrado a la idea de que la reacción tras la crisis no tenga un ápice de sensatez. Lo asumimos como parte del panorama, como algo normal. Y ese sentimiento está tan arraigado que, si alguien osa a reclamar ante una estrategia irracional, aparece una turba a insultar al que pide un poco de lógica.

Ojalá, en esta nueva crisis por los desastres naturales, por lo menos obtengamos de nuestras autoridades estrategias medianamente inteligentes y organizadas. Mínimo, ¿no?

 

Foto de Gaspar Uhas en Unsplash. Composición PUNTO MEDIO. Huayco tomada de https://olasperu.com/blog/playas-de-lurin-tambien-fueron-afectadas-por-el-huayco-y-necesitan-ayuda/9465

Autor

  • Ricardo Gálvez del Bosque es magíster en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y bachiller en Administración por la Universidad de Lima. Es docente universitario y director ejecutivo de Vigilancia Ciudadana. Cuenta con experiencia profesional en empresas líderes de los sectores financiero, asegurador y de consumo masivo, donde desempeñó funciones en estrategia, marketing y planeamiento. Actualmente combina la docencia, la investigación y el análisis político, con especial énfasis en democracia, representación política, financiamiento de organizaciones políticas y fortalecimiento institucional.

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