El ego en la política

Oct 18, 2021 | ◉ Puntos de Vista

Muchos sabemos cuáles son nuestras limitaciones profesionales y personales. Por ejemplo, quien escribe esta columna sabe muy bien que no podría opinar sobre fútbol, ya que se considera ignorante en el tema. Mucho menos, asumir una responsabilidad técnica en ese deporte, o asumir la portería en un partido importante para un equipo. Jamás lo ha hecho, y sería un verdadero desastre. Si una propuesta descabellada y fuera de la realidad viniera en ese sentido, la respuesta responsable sería “ni hablar…no estoy mínimamente preparado”.

De la misma manera, si a las justas sabes usar el horno microondas para calentar tu desayuno, no te harías responsable de cocinar una cena para 150 personas en un evento, ¿no? Y en tu vida profesional, no asumirías la dirección de un área de 50 personas con la experiencia de haber culminado tus prácticas antes de graduarte, ¿no? Una persona sensata – con ambiciones, claro está – sabría que sería irresponsable asumir tareas para las que no está preparado.

Sin embargo, a algunos candidatos políticos parecen no importarle estos hechos. Por eso tenemos congresistas que no han leído la Constitución y que no saben cuáles son sus verdaderas funciones legislativas. También hemos sufrido de abundantes candidatos presidenciales – y algunos lamentablemente resultan elegidos – que se lanzan al ruedo sin saber exactamente qué quieren realizar y cómo lograrlo, dándonos la impresión de que lograr el título de “Presidente” fuera un fin en sí mismo.

¿Cómo puede ser que una persona sin ninguna preparación, sin equipo, sin ideas, sin un partido que lo respalde, pueda creer que está en la capacidad de liderar la vida de 30 millones de personas exitosamente? Ensayaremos algunas hipótesis.

Ego

¿Podrá ser que esa creencia de ser el “profeta elegido” o el “Manco Cápac refundador del país” sea tan fuerte como para nublar las carencias propias de un candidato? Pareciera que sí.

Una vez logrado el objetivo de ser elegido, el poder pareciera ser tan seductor que atrae a muchos ayayeros que alabarían al líder en cada una de sus decisiones, reforzándole la idea de que es una persona especial que hace las cosas maravillosamente. Ese coro de seguidores puede nublar más la visión del gobernante, evitando que su pensamiento crítico salga a relucir por ser demasiado pesado para la nube que lo sostiene.

“Es mucho más simple de lo que la gente dice”

Durante la campaña, por la ambición de estar cerca al poder, mucha gente podría estar diciéndole al candidato solo lo que quiere oír. Finalmente, estos políticos irresponsables terminarían creyendo que ellos sí pueden lograr las transformaciones milagrosas que prometen, y que los otros no lo hicieron porque no les dio la gana. “YO sí lo puedo hacer. Es fácil, es bien simple.”

Una vez dentro, busco un equipo y armo el Plan.

Irresponsablemente se lanzan candidaturas creyendo que el equipo se convoca luego, las ideas caerán solas, y todo será de maravilla en la ejecución. Una vez en el poder se dan cuenta de que deben muchos favores al equipo “ficticio” que los acompañó durante la campaña, y que se han hipotecado a ideas que han prometido sin ninguna responsabilidad.

Subestimar al electorado

Existe la creencia de que podemos engañar al electorado con cualquier idea que “pegue fuerte, sea popular”, y luego que la gente olvidará de la promesa vacía. “Las personas no saben lo que quieren, hay que prometerles lo que se nos ocurra y luego nos olvidamos de ellas. ¿Total? La gente no sabe lo que quiere, es cuestión de engatusarlos.”

 

La precariedad del sistema de partidos políticos facilita la proliferación de este tipo de candidatos que a veces tienen este tipo de pensamientos combinados. El electorado – que en su mayoría está preocupado por sus problemas diarios y no necesariamente se ocupa de los avatares de la política – muchas veces termina siendo engañado por caudillos con promesas vacías.

Muchos analistas creen – como Sinesio López indicó hace semanas en una columna – que una vez en el poder sería bueno “educar al soberano”. ¿En serio? ¿No sería mejor educar al candidato, fortalecer los partidos políticos y hacer docencia política con el electorado? Claramente, la tarea que proponemos es mucho más difícil y de largo aliento, partiendo por el hecho de que es más directo capacitar a una sola persona que a miles. Sin embargo, creemos que es un reto que debemos empezar a trabajar.

Necesitamos:

  • Un electorado sensible y empático con los problemas que tienen los ciudadanos del país. Conocedor de sus deberes, de sus derechos, de lo que representa su voto. Con alguna idea de lo que necesita para su futuro, y que sepa de qué instituciones democráticas depende éste.
  • Partidos políticos sólidos, responsables, que propongan planes concretos, cohesionados bajo una misma línea, con democracia interna.
  • Políticos responsables que dejen el ego aparte y que tengan objetivos claros para el bienestar de su país. Que sepan cuáles son las funciones que tendrían de ser elegidos para los puestos a los que postulan, que sepan cuáles son las delimitaciones que tendrán una vez en el poder, que cuenten con un equipo de trabajo eficiente y en el que confían.

¿Es idealista? Sí. Probablemente. Pero, vamos, empecemos por algo. Así sea un proceso lento. Todos podemos aportar nuestro granito de arena. Sino, seguiremos dando tumbos y parchando errores.

 

Foto: Fuente: http://wiselwisel.com . Tomada de https://www.cuantarazon.com/1207976/precaucion-el-deposito-contiene-promesas-politicas

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